Colosio — El Universal

Salinas de Gortari dijo que gracias al TLC cuatro de cada 10 empleos que se generaron en estos 20 años fueron por las industrias de exportación

Texto Rogelio Cárdenas Estandía

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Después de cuatro años de aplazamientos y forcejeos, debido al intenso debate que generó su negociación, al fin el 1 de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Sin embargo, a dos décadas, continúan las discusiones sobre sus beneficios y sus desventajas.

– En relación con el TLCAN, ¿qué considera que en estos 20 años ha faltado hacer, y que sí se hizo?

Pese a las decisiones que no se tomaron en materia de telecomunicaciones, infraestructura, educación, energía, sus resultados son muy alentadores.

No olvidemos que era un tratado de comercio e inversión. Midamos sus resultados en esas materias. En 1993, un año antes de que arrancara, exportamos alrededor de 50 mil millones de dólares, hoy exportamos 350 mil millones de dólares; en 20 años, de exportar 130 millones de dólares al día, hoy exportamos mil millones de dólares diarios. Es decir, se multiplicaron por más de ocho veces las exportaciones mexicanas.

Otra diferencia fundamental es el tipo de exportaciones, antes del Tratado y de la apertura mexicana, el petróleo era el 80% de las exportaciones de nuestro país; el 20%, manufacturas y productos agropecuarios. Hoy es exactamente al revés, el 80% de las exportaciones mexicanas son manufacturas y otros productos, y el petróleo difícilmente llega al 10%.

Una diferencia importante más es que cuatro de cada 10 empleos que se generaron en México durante estos 20 años fueron por las industrias de exportación. Y los salarios en esas industrias de exportación son casi 50% mayores que los del resto de la economía, y son de trabajadores todos sindicalizados.

Como tratado de inversión, antes del TLCAN México recibía alrededor de 2 mil millones de dólares al año de inversión extranjera directa, hoy recibimos alrededor de 20 mil millones; o sea que hay casi un aumento de 10 veces del flujo de inversión.

Aun así, dentro de México faltaron decisiones que hubieran permitido un equilibrio regional más favorable. Hay regiones que fueron notablemente beneficiadas por el Tratado y otras que no.

– ¿Hay algo que le haya faltado hacer a su gobierno?

Era indispensable tener además de un Tratado de Libre Comercio, uno de movimiento de personas, un tratado migratorio; yo planteé la posibilidad y mi contraparte entonces, el presidente [George] Bush, me respondió que no era posible para ellos pasar dos negociaciones tan grandes, una comercial y otra migratoria, en el Congreso de Estados Unidos; que tendríamos que irnos primero por el de libre movimiento de mercancías y servicios y luego el migratorio.

– ¿Cree usted que si le hubiera tocado otro contexto partidista en Estados Unidos, se hubiera podido empujar el asunto migratorio?

La cuestión migratoria se convierte en un tema muy difícil en épocas de recesión, así que la circunstancia externa también cuenta muchísimo para poder decir si ahora hubiera sido más factible o favorable. Siempre que hay recesión todo el mundo dice “a proteger los empleos”, y a los primeros que empiezan a culpar por la falta es a los trabajadores migratorios.

En el caso del presidente Bush hay que recordar que él tuvo la decisión de ir adelante en la negociación del Tratado, a pesar de que tuvo una muy severa recesión al final de su gobierno, que le costó la reelección y permitió que [Bill] Clinton llegara a la presidencia. La ventaja del TLC, en ese momento, es que fue negociado por un gobierno republicano y ratificado en su Congreso por un gobierno demócrata, lo que le dio allá un tono verdaderamente bipartidista.

– ¿Cuál cree que fue, dentro de la negociación que se dio con el presidente Bush, el tema más complicado que a usted le interesaba impulsar y que se pudo lograr, y alguno otro que no pasó, además de la cuestión migratoria?

Para nosotros era fundamental tener certeza de que el acceso al mercado americano estuviera basado en reglas y no en decisiones discrecionales de sus aduaneros. Ese sí lo logramos. Segundo, que al arranque del Tratado, tuviéramos el mayor acceso, en número, a productos americanos; y proteger a los nuestros, sobre todo al maíz, y eso lo logramos, pues le dimos a este producto el lapso más largo de protección, que fueron 15 años. Una innovación donde las conversaciones resultaron insuficientes fue en la de los Paneles de Resolución de Controversias. Ahí le faltaron dientes a los paneles para que tuvieran más fuerza para, de manera imparcial, resolver las controversias. El ejemplo más representativo es el del autotransporte. Veinte años después de echado a andar el Tratado los camioneros mexicanos no pueden pasar a Estados Unidos; no hay libre movilidad del autotransporte.

– ¿No cree que durante las negociaciones hubiera sido necesario incluir alguna cláusula para equilibrar algunos temas en favor de nuestro país, como se hizo ahora en los tratados con Europa?

La asimetría de las dos economías fue reconocida precisamente en los periodos de protección para distintos sectores. Algunas de las críticas que se han hecho al Tratado es que no llevaba un mecanismo compensatorio de financiamiento. Esa es válida, pero recuérdese que en Europa funciona porque ahí no sólo es integración comercial-económica, también política, y de mecanismos de financiamiento. Han pasado a un banco central único, pero en nuestro caso era nada más un tratado comercial, no de integración política, porque nosotros valuamos la soberanía por encima de todo. Y tampoco, de un banco central único, porque en nuestra región, ¿cuál iba a quedar como único? ¿La Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco Central de Canadá, o nuestro autónomo Banco de México?

Entonces, en cuanto a la falta de mecanismos compensatorios de financiamiento, se estableció el Banco de América del Norte, pero sin duda le faltaron mucho más empuje y recursos.

– ¿Usted coincide con los especialistas en que, a 20 años del TLCAN, ya se erosionaron los beneficios, que se ha estancado?

Como todo tratado comercial es perfectible. A mí me parece que a donde habría que voltear más es a ver cómo elevar la competitividad de la región. Por ejemplo, ahora que viene la negociación del TPP [el Acuerdo de Asociación Transpacífico], lo ideal es que América del Norte pudiera negociar como región frente a los colosos de Asia para no erosionar nuestras respectivas ventajas. O también, cuando ocurrió la quiebra de las grandes plantas automotrices en Estados Unidos, la sugerencia que hicimos varios fue que se planteara la reestructuración de la industria automotriz de aquel país como industria automotriz de América del Norte, y de esa manera poder competir contra los gigantes de Alemania o de Japón y de Corea como una región. Creo que esas son áreas donde la perspectiva de redimensionar los beneficios del Tratado se puede lograr.

– ¿Reconvendría buscar una renegociación o hacerle adecuaciones?

Creo que el riesgo de hablar de renegociación o apertura es que, sin duda, nosotros tenemos áreas que nos gustaría revisar, pero los otros socios también. Creo que los productores de aguacate de Estados Unidos están muy deseosos de poder cerrar sus fronteras al extraordinario aguacate mexicano que va para allá, o la eficiencia que hemos alcanzado en la industria automotriz también haría que algunas empresas establecidas allá dijeran “paren a las mexicanas que han resultado tan eficientes”. Reabrir es…

– Arriesgarnos.

Es que no se reabre el Tratado, se abre una Caja de Pandora.

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jlr