Colosio — El Universal

Salinas de Gortari menciona que para entender a México hay que irse lejos en el tiempo y fuera del país

Texto Rogelio Cárdenas Estandía

Fue aquí mismo, en su biblioteca, donde en noviembre de 1994, días antes de dejar la Presidencia, Carlos Salinas sostuvo varias reuniones urgentes con su gabinete. Su tarea fue analizar las copiosas fugas de divisas que habían ocurrido en los últimos días. Las crónicas periodísticas señalan que un aumento de tres cuartos de punto en las tasas de la Reserva Federal provocó fugas de cinco mil 162 millones de dólares en sólo una semana.

Apenas tres meses después, ya despojado de la banda presidencial, emprendió una huelga de hambre como protesta por “la campaña” de desprestigio hacia él y su hermano Raúl, así que dejó el país. Vivió en Estados Unidos, Cuba y Canadá. Luego, en una nación sin tratado de extradición con México: Irlanda. Fue hasta que publicó su libro, México: un paso difícil a la modernidad, cuando reapareció.

“Para entender a nuestro país hay que irse lejos en el tiempo y fuera de México; por eso mi interés sigue estando en el estudio de la historia y en diversas latitudes”, me dice el ex presidente Salinas.

Hoy, después del asesinato en 2004 de su hermano menor, Enrique, y de la reciente absolución de Raúl, después de 10 años en la cárcel, el ex mandatario se dispone a responder más preguntas. Para él, México ya no es el mismo: es “muy diferente a la circunstancia” en la que a él le tocó ser presidente.

“A mí me tocó todavía la Guerra Fría. No tenía yo 12 meses en la responsabilidad de la Presidencia cuando cayó el Muro de Berlín; se concluyó la existencia de la Unión Soviética, que había sido un paradigma y un parteaguas en la historia mundial del siglo XX, y ante una nueva realidad internacional, la necesidad de responder a retos internos. Así que esas circunstancias externas, que siempre en la historia de México han tenido tanta influencia internamente, ahora son muy diferentes, pero no por ello menos exigentes”.

Hoy, a diferencia de su tiempo como presidente, la información sobre las decisiones de gobierno fluyen más expeditamente. Internet ha cambiado el juego de la comunicación y las campañas electorales. El PRI ya supo lo que es ser oposición. El tipo de cambio está más libre. Las reservas federales son más sólidas. Pero donde pone el acento es en la participación ciudadana, una de sus nuevas banderas que sacó a relucir en sus publicaciones. Estamos en “una población con un gran dinamismo y deseos de salir adelante, una sociedad mucho más participativa, con voces plurales, también de una gran diversidad, y una circunstancia internacional muy diferente”.

Así como ha cambiado el país, Salinas también ha cambiado. Tanto en lo político como en lo personal. “Como bien decía Ortega y Gasset, ‘el hombre es él y sus circunstancias’, uno se va transformando conforme el entorno va cambiando y, al mismo tiempo, ayuda mucho encontrar nuevas motivaciones”.

Se ha dedicado, según lo confirman sus publicaciones, a la reflexión, a asistir a universidades y foros para dar pláticas, pero, sobre todo, a una vida apacible en la que puede convivir con sus hijos y su nieta.

De las personas cercanas durante su gobierno, ¿cuántas siguen siendo sus amigos?

“Me siento muy afortunado, porque tengo más amigos que dedos en la mano, piénsese cada uno en su situación personal si puede contar con ese número de amigos.”

jlr