Colosio — El Universal

Salinas de Gortari subrayó que el modelo neoliberal ha tenido efectos muy dañinos para las economías

Texto Rogelio Cárdenas Estandía

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Aunque el proceso de desincorporación de las empresas paraestatales consideradas no prioritarias comenzó durante la administración de Miguel de la Madrid (1982-1988), se aceleró bajo el régimen de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). De mil 155 empresas paraestatales que existían en 1982, al primero de diciembre de 1988 había 618, y al término de 1993, el gobierno ya sólo administraba 258, de las cuales 48 estaban en proceso de desincorporación.

Visto desde la parte académica, durante su sexenio México resultó ser el estudiante más cumplido al seguir al pie de la letra el llamado Consenso de Washington con la reprivatización de las empresas del Estado, la libre paridad cambiaria, una inflación baja, entre otros elementos; sin embargo, no logramos convertirnos en un país desarrollado.

– ¿Quiere decir que estos grandes organismos nos sobrevendieron esta parte?

Cuando se habla del llamado Consenso de Washington se pierde un poco de vista qué era ese Consenso y en qué circunstancias apareció. Hay que recordar que los 70 fueron para México años de mucha expansión económica financiada con una deuda monumental, así que los años 80 tuvieron que ser de ajuste económico para pagar los saldos de ese endeudamiento monumental, y cuando al inicio de los años 90 hubo que tomar decisiones en el área económica-política-social, lo que se hizo fue una decisión muy pragmática que era, como decía la sabiduría popular, usar los bienes para remediar los males.

Éramos un país con una deuda inmensa y el Estado estaba lleno de propiedades mientras el pueblo acumulaba necesidades. Entonces procedimos a la privatización de bienes públicos excesivos. El gobierno era propietario de hoteles, restaurantes, hasta cabarets, para no hablar de cantidad de actividades que tenía en una economía sobreprotegida donde lo que se le vendía al consumidor era, en muchas ocasiones, de baja calidad y de precio alto, y que no tenía capacidad para competir en los mercados internacionales.

Entonces eso es lo que nos llevó por razón pragmática a las privatizaciones, que se hicieron mediante subasta pública e informando directamente al Congreso de cada una ellas. Los recursos de las privatizaciones se usaron para disminuir la deuda interna y tener para gasto social sin déficit fiscal, y luego fuimos al proceso de reducir la deuda externa, la otra parte del terrible endeudamiento que tenía México, y por eso nos fuimos a promover el Plan Brady, que fue el que permitió la primera reducción de deuda en América Latina.

Cuando tomamos esas decisiones, la liberalización ya había iniciado con la entrada al GATT, a mediados de los 80, y las distintas medidas que usted acaba de mencionar, como parte de lo que se necesitaba para que el país volviera a avanzar. Pero no sólo fue México, en Brasil o en Francia, si usted ve lo que el presidente Cardoso, o el propio presidente Lula o el presidente Mitterrand llegaron a hacer, hubo medidas similares. Así que estábamos en nuestras circunstancias específicas cada uno, pero respondiendo a problemas de manera similar. Y entonces vino un profesor de Estados Unidos llamado [John] Williamson que armó un texto que dijo: “Este es el Consenso de las medidas que se están tomando para resolver los problemas de sobreendeudamiento e ineficiencia de las décadas previas”, y le llamaron Consenso de Washington. Pero no era ni que lo hubieran impuesto agencias externas ni que fuera diferente en distintas latitudes. En nuestro caso fue eminentemente pragmático.

– Hoy, muchos de los países desarrollados que practicaron el neoliberalismo y el llamado desarrollo estabilizador se encuentran en crisis. ¿Se puede decir que estos modelos económicos pudieron, hasta cierto punto, no haber sido benéficos?

El modelo neoliberal ha tenido efectos muy dañinos para las economías, no sólo de los países en desarrollo, sino, ya vimos, Estados Unidos y Europa la crisis monumental que tuvieron en 2008, ahí sí, por toda una filosofía que se llama neoliberalismo y que surgió en los años 30 del siglo pasado y que se contraponía a los excesos estatizadores. Entre esos dos extremos había un enorme desencanto y resultados muy desfavorables, por eso durante mi gobierno propusimos el liberalismo social como una alternativa que buscara eficiencia en los mercados.

– En este contexto es que reprivatiza los bancos.

Los bancos eran parte de la gran cartera de propiedades del gobierno, teníamos maestros muy mal pagados, escuelas en pésimas condiciones, hospitales con desabasto de medicinas, insuficiencia en los servicios fundamentales que le corresponden al Estado, y nos hicimos la pregunta: ¿Qué hacemos? ¿Seguimos siendo administradores de empresas o utilizamos los recursos de esas empresas para pagar la deuda pública que tenía acumulada el gobierno por el estatismo excesivo? ¿O usamos esos bienes mediante subasta pública para hacernos de recursos, pagar la deuda y liberar el financiamiento gubernamental, sin déficit, para mayor gasto social? Entonces pudimos duplicar en términos reales los sueldos de los maestros en México, poseer un programa de rehabilitación de más de 100 mil escuelas públicas, construir un nuevo hospital cada tres semanas y una clínica de atención de salud cada día de la administración, y proveer los servicios fundamentales.

– ¿Visto como punto estratégico?

Fundamental, el sistema financiero. La decisión que se tomó fue venderlos públicamente, pero a mexicanos. ¿Por qué? Porque era indispensable mantener el sistema de pagos en manos de los mexicanos, se hizo mediante subasta pública y participaron grupos que tenían recursos y también experiencia suficiente.

Algunas de las críticas que se han hecho es que varios de ellos no tenían suficiente conocimiento del proceso bancario, pues estaba difícil dado que la banca, toda, estaba en manos del Estado. Y la otra crítica que se hace es que como no tenían conocimientos quebraron en 1995, pero se les olvida que ese año no sólo quebraron los bancos privados, quebraron los bancos públicos y cantidad de empresas por la crisis. Y lo peor fue después, que los bancos dejaron de ser mexicanos, pero eso ya no sucedió en mi administración, se entregaron a manos de extranjeros.

– Algunos críticos dicen que la quiebra de los bancos se dio porque se vendieron muy caros.

Qué interesante esa observación porque, desde otro lado, los críticos decían: “Se están vendiendo demasiado baratos los bancos, se está malbaratando la propiedad pública”. O sea que unos decían que muy barato y otros que muy caro. La realidad es que el precio promedio en que se vendieron los bancos, tres o cuatro veces, precio utilidad, estuvo dentro de los parámetros internacionales.

– Estos mismos críticos dicen que mucho del problema era que los compradores no tenían la suficiente liquidez y que tuvieron que apalancarse entre ellos mismos, uno se prestaba al otro para poderle hacer frente.

Creo que algunos de esos fenómenos se dieron después de hecha la privatización, cuando en mi gobierno se detectaron se actuó contra los responsables, pero fueron excepciones. Dentro de la regla general, las condiciones de los bancos para arrancar después de la privatización estaban respondiendo a lo que se había esperado de esta medida, pero no había manera que ningún banco privado o público resistiera lo que pasó en 95, cuando las tasas de interés pasaron en unos cuantos meses de 7% anual a 100% anual, por eso quebraron estos bancos, por eso quebraron las empresas y por eso quebraron cientos de miles de familias. Esa es la razón por la cual en el 96 empezó el gran éxodo de mexicanos hacia Estados Unidos, un drama humano.

– ¿Qué hubiera pasado si el sistema bancario mexicano no se hubiera reprivatizado?

Los bancos hubieran seguido en propiedad del Estado, y con una crisis como la que se vivió, el Estado hubiera tenido que absorber la quiebra de esos bancos. Pero repito, [con la venta de los bancos] el gobierno pagó la deuda excesiva que tenía y pudo de esa manera atender las necesidades de la población, sin déficit fiscal.

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