Colosio — El Universal

Salinas de Gortari dijo que la muerte de Luis Donaldo Colosio es un hecho cuyo impacto todavía no se aleja de él, a 20 años de distancia

Texto Rogelio Cárdenas Estandía

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El 23 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la Presidencia de la República, es asesinado en Lomas Taurinas, una colonia popular en Tijuana. Todo se dio en medio de un enrarecido clima político derivado del levantamiento zapatista, del protagonismo cada vez mayor de Manuel Camacho Solís, comisionado para la paz en Chiapas, y de los insistentes rumores sobre las fracturas en la relación entre el presidente y el candidato priísta.

Al clima político hay que añadir los errores y omisiones que se cometieron en el curso de la investigación sobre la muerte del candidato, lo cual generó grandes sospechas entre la población en torno a la versión oficial del asesino solitario. Extraoficialmente, se ha señalado la existencia de un complot gubernamental detrás del asesinato y la idea de que éste tuvo por objetivo frenar una corriente de cambio dentro del PRI.

– ¿Qué ideas compartía usted principalmente con Luis Donaldo?

La gran sensibilidad social que tenía. Cuando fue secretario de Desarrollo Social su compromiso con el Programa Solidaridad. Como dirigente nacional del PRI, era la esperanza de tener por fin un ex presidente del partido que era candidato a la Presidencia de la República, y su convicción de la consolidación de las reformas para la modernización económica y política del país. Era el candidato ideal, esperado, dentro del proceso reformador y dentro del propio PRI.

– ¿No creó controversias dentro del PRI?

¿Dentro del PRI? No, dentro del PRI era el que toda la estructura del partido estaba esperando. Acababa de dejar dos años antes la presidencia del partido, era senador de la República, había sido diputado, tenía todas las cualidades partidistas, pero además la visión transformadora del país por haber participado en las reformas dentro del gobierno. No, dentro del PRI, no.

– El 5 de marzo de 1994, días antes de su asesinato, Luis Donaldo Colosio pronunció un discurso que se tituló “Un México con hambre y sed”. ¿Qué opina de ese discurso que marcó al candidato?

Ese discurso Luis Donaldo me hizo el favor de enviármelo antes, lo comentamos. Era el discurso natural de un candidato comprometido con las reformas, pero reconociendo las insuficiencias que todavía había en el país, y con toda razón. El candidato, su función es proporcionar esperanza de que los cambios no se paran, de que continúan las transformaciones.

– ¿Hubo un acercamiento antes y después de ese discurso?

No había acercamiento porque no había distanciamiento. No habían sido fáciles los primeros días, cuando el levantamiento del EZLN, porque la atención nacional e internacional ya no estaba en las campañas, en ninguna, sino en el propio levantamiento. Una vez que se encauzó el levantamiento por la vía del diálogo, entonces ya se quedó en su adecuada dimensión. Y las campañas electorales, de manera especial la de Luis Donaldo, el candidato del PRI, tomaron otra vez su preeminencia dentro de la atención pública.

– ¿Cómo se entera y qué sintió cuando le informan del atentado a Luis Donaldo?

Estaba yo en una reunión en Los Pinos. Me llamaron para avisarme y mi primera reacción fue buscar la mejor atención médica para él, fue cuando yo pedí que mi médico particular se trasladara inmediatamente para allá.

– ¿Cuál fue su primera instrucción?

Las primeras, inmediatas, velar por su salud.

– Cuando le informan su fallecimiento, ¿cómo lo tomó usted?

Es un hecho cuyo impacto todavía no se aleja de mí, a 20 años de distancia.

– ¿Lo sigue marcando?

Pues México perdió a la mejor opción que tenía para la Presidencia, y yo al mejor de mis amigos.

– ¿Cómo pudo enfrentar esta crisis como persona?

Diría que fue de los momentos más difíciles de todo mi gobierno. Primero, por la pérdida personal, luego por la pérdida de expectativa para el país y,  finalmente, porque en ese momento se desataron todas las pasiones para ver quién imponía al candidato relevista. Ahí sí, un conato de crisis política interna, y ahí fue donde arrancó un proceso de salida de capitales terrible para vaciar las reservas internacionales. Teníamos un conato de crisis política, conato de crisis económica, en medio del dolor personal por la pérdida de Luis Donaldo.

– ¿Cómo puso usted orden en medio de este conato de crisis?

Había que decidir a la brevedad quién iba a ser el candidato relevista, y esa decisión se tomó a las siguientes horas en medio de la pena y el dolor por la muerte de Luis Donaldo. Y en la parte económica, el gran talento y respeto nacional e internacional que Pedro Aspe tenía fue lo que permitió detener la salida de capitales. Y se pudo reencauzar el proceso de las campañas, y en este caso de la campaña del PRI, hacia la presidencial.

– ¿Qué cualidades vio usted en Ernesto Zedillo para ocupar la candidatura a la Presidencia?

Había sido un excelente secretario de Educación Pública en mi gobierno, muy talentoso secretario de Programación y Presupuesto, y como responsable de la conducción de la campaña de Luis Donaldo, cercano al propio candidato. Recuerdo que cuando se platicó con don Fidel Velázquez el perfil del candidato relevista, dijo: “A los obreros lo único que nos interesa es que no vaya a haber una devaluación”; y tenía razón. Siempre quienes salían mayores perdedores en esos procesos devaluatorios eran los trabajadores, con las caídas de sus salarios. El perfil de economista tan destacado del doctor Zedillo era una de las garantías de que eso no sucediera.

– Como amigo personal y como mandatario, ¿cómo fue la comunicación con Diana Laura, la viuda de Luis Donaldo Colosio, en todo este proceso? ¿La apoyó? ¿La acompañó?

En lo que pude sí, buscando respetar también su circunstancia personal. Después, a partir de 95, con toda la persecución, ella ausente, Luis Donaldo ausente, el dolor de sus hijos, solos, los de siempre, que aprovechan la tragedia ajena para buscar llevar beneficio particular a sus intereses privados, generaron una serie de versiones muy lamentables, pero afortunadamente cuando concluyó la etapa de investigación a la muerte de Luis Donaldo, el fiscal Luis Raúl González Pérez pudo ponerlas todas en su adecuada dimensión.

– Es decir, ¿que se cumplió el  proceso y justicia en este caso?

Ahí está el veredicto legal, la verdad histórica, en los documentos del juicio del autor material confeso, y quien sigue purgando su pena en prisión.

– ¿Con los hijos de Colosio ha  tenido contacto?

Contacto respetuoso.

– ¿Con Colosio qué México hubiéramos tenido?

Un México que hubiera aprovechado las oportunidades económicas que el Tratado brindaba en el instante en que la economía de Estados Unidos despegó, con la tasa de crecimiento más alta de su historia durante los siguientes cinco años. Imagínese lo que hubiera sido para México, con el TLC arrancado y cinco años de crecimiento sin precedente en la economía norteamericana. Hubiéramos dado un salto cualitativo extraordinario. Y con el IFE ya en manos de ciudadanos, con una garantía de competencia electoral democrática en el país. Ése era el México que íbamos a tener, o que hubiéramos tenido con Luis Donaldo Colosio. Un México de justicia, de progreso y democracia.

– ¿En ningún momento llegó a pasarle por la cabeza que luego del fallecimiento de Colosio, Manuel Camacho Solís le podía suceder como candidato?

Él ya había tenido su oportunidad y el PRI no se la había dado, y tan tuvo razón el PRI de no dársela que seis años después Camacho fue candidato a la Presidencia y no sacó ni 1% de los votos. ¡Qué razón tuvo el PRI de no hacerlo candidato en 94!

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jlr