Colosio — El Universal

Marilú García, la hija de Luis Donaldo Colosio, toma su teléfono celular para accionar una “selfie” durante el 20 aniversario

Juan Arvizu  Enviado

juan.arvizu@eluniversal.com.mx

MAGDALENA DE KINO, Son.— Luis Donaldo Colosio Riojas levanta a su hijo, un bebé de tres meses, y lo ve con orgullo, con una mirada que era característica de Luis Donaldo Colosio Murrieta: la cabeza y cejas alzadas, mirada atenta.

Este hombre, de unos 29 años, está feliz. Sonríe de oreja a oreja. Besa la frente del pequeño Luis Donaldo tercero y lo pega a su pecho en una acción protectora; lo muestra acompañado de su esposa Marilú García.

La herida de hace 20 años ya no duele. Los Colosio Riojas —Luis Donaldo y Mariana— que en 1994 quedaron en la orfandad, son dos hermanos seguros de sí mismos, agradecidos con sus amigos que los acompañan en la remembranza.

Vienen de la Plaza Monumental y van al cementerio en caminata con la gente que se congregó a depositar una ofrenda floral ante la estatua del hombre de Magdalena de Kino y que murió asesinado un día antes de llegar a su tierra, Sonora querida, donde iba a dar el cierre de la primera etapa de su campaña.

Ese 25 de marzo de 1994 iba a ser el día más feliz de los sonorenses y de Luis Donaldo Colosio, día de fiesta, recuerda su coordinador de Logística, Guillermo Hopkins, amigo de infancia y colaborador en su trayectoria.

La tragedia volteó las cosas. Llegó Colosio el 25 a tierras sonorenses, pero en un ataúd. Nogales y de allí en carretera al cementerio. Al pie de la tumba, Diana Laura Riojas, enferma de cáncer, despidió a su esposo con un mensaje que sacudió a la sociedad mexicana conmocionada por lo que ocurría.

Hoy, el tiempo que todo lo cura, ha traído hasta su tumba a sus hijos.

Marilú García camina tomada del brazo de Luis Donaldo, que es la pinta del orgullo y la felicidad combinados. A un lado camina Mariana Colosio con un gesto de contento por la presencia de amigos en la Plaza Monumental, el zócalo de Magdalena, en el que se ubica la iglesia del padre José Eusebio Kino, el misionero franciscano fundador de esta población sonorense.

Y se van al cementerio. Ya no más marchas fúnebres. Hay orgullo y satisfacción por lo que significa su padre en la sociedad de nuestro tiempo. Van amables, entre risas, buen humor y gratitud a los presentes.

Y Mariana toma su teléfono celular para accionar una “selfie” (la famosa autofoto tomada por un teléfono celular). Se aglutinan los que van en la caminata. Luis Donaldo bromea a los fotógrafos de prensa para que se acomoden y salgan en la foto.

¿Subir la autofoto al Twitter, la red social?, y una leve sombra pasa por la frente de Mariana Colosio: “No tengo”, dice. Y vuelve a reír y a mirar a esta población del desierto sin grises y negros del duelo. Vive el color de la esperanza por su padre Luis Donaldo Colosio Murrieta.

* Foto de Jorge Ríos/EL UNIVERSAL

jlr